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Cannabis y medicina

A día de hoy está demostrado tanto in vitro como in vivo que los dos principales cannabinoides, el THC y el CBD, ejercen un claro efecto antitumoral en glioblastomas, cáncer de mama, cáncer de pulmón, cáncer de próstata  y cáncer de piel.

Es precisamente en una universidad española, la Complutense de Madrid, donde se llevan a cabo los estudios más punteros en este campo a nivel internacional. Los cannabinoides se presentan como herramientas prometedoras en la lucha contra diferentes tipos de cáncer. Inducen muerte celular programada (apoptosis), inhiben el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos alrededor del tumor evitando que este pueda nutrirse (neoangiogénesis), evita en algunos casos la formación de metástasis y en otros ayuda al sistema inmune a destruir las células cancerígenas. Parece ser, pues, que a los pacientes oncológicos no les falta base científica cuando buscan en el cannabis un tratamiento para luchar contra su enfermedad.

El paciente oncológico a día de hoy.

Por todo lo expuesto anteriormente, podemos afirmar que, por un lado, ni podemos matar las esperanzas del paciente oncológico que busca un efecto antitumoral en el cannabis con la excusa de que “todavía no existen estudios”, ni por el otro cometer la insensatez de asegurarle que el cannabis va a ser la solución definitiva para su problema de salud.


Ya que existen estudios básicos con resultados tan prometedores, no me parece desencaminado, desde el punto de vista médico, acompañar y orientar al paciente en este su deseo de mejoría clínica más allá del efecto puramente paliativo de los cannabinoides.

Como no existen estudios que hablen sobre dosificación en humanos, parece lógico pensar que la dosis utilizada sería aquella tan alta como el paciente tolere, intentando asegurar así la mayor concentración de cannabinoides circulantes en sangre como sea posible, y asegurando de esta manera que la mayor cantidad de cannabinoides entran en contacto con las células tumorales.

La aparición de efectos secundarios intolerables (hipotensión, ansiedad, taquicardia, psicoactividad excesiva) marcaría la dosis por debajo de la cual el paciente debería mantener un consumo idealmente pautado cada 8 horas (intervalos menores podrían desencadenar una intoxicación por superposición de efectos, e intervalos mayores dejarían ventanas temporales en las que las concentraciones de cannabinoides en sangre no serían las buscadas).

Sería recomendable alternar la utilización de variedades algo sativas durante el día con variedades más índicas por la noche, buscando con las primeras un efecto más energético y un efecto más relajante/sedativo con las segundas, ya que a muchos pacientes les resulta intolerable la utilización de preparados obtenidos a partir de variedades índicas puras durante el día, puesto que les limita su funcionalidad de forma importante, de la misma forma que no tiene sentido utilizar variedades sativas al final del día, cuando lo que se busca es un sueño reparador.

Para terminar, me gustaría resaltar cómo la utilización de CBD en estos pacientes me resulta a día de hoy algo casi fundamental. No solo por el propio efecto antitumoral que el CBD ha demostrado en investigación básica, sino por el interesantísimo efecto regulador que el CBD ejerce en la psicoactividad del cannabis. A mayor cantidad de CBD que los pacientes tomen, mayor grado de tolerancia a los efectos psicoactivos del THC que estos pacientes presentarán, siendo precisamente estos efectos uno de los factores limitantes de la dosis final de THC administrada en cada toma.

 

En la actualidad el CBD y sus usos terapéuticos, cada vez son más conocidos, gracias sobre todo a las variedades CBD-rich, de las qué hablaremos en próximos artículos. 

Otro de los factores por los que el CBD ha tenido un “boom” es gracias a que no es un cannabinoide ilegal, como lo es el THC, algo que permite la realización de estudios con más facilidad y con total transparencia sin correr el riesgo a cometer una ilegalidad.

Antes de centrarnos en la historia, debemos saber que el CBD o Cannabidiol es considerado como un narcótico o estupefaciente, aún sin ser psicoactivo. Otro rasgo destacable, es que es considerado el antagonista del THC, reduciendo los efectos secundarios que este puede producir, como sería la paranoia o en casos graves la esquizofrenia.

Tampoco podemos olvidar que ya sea por uno u otro motivo, el CBD es uno de los cannabinoides al que se le atribuyen más propiedades medicinales, convirtiéndose en el cannabinoide más presente en los diferentes extractos, aceites o cremas comercializados en la actualidad.

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